Bodega Barranco Oscuro

///Bodega Barranco Oscuro
Bodega Barranco Oscuro 2017-08-25T10:24:03+00:00

Bodega Barranco Oscuro

El Cortijo Barranco Oscuro fue construido a finales del siglo XIX, en 1873, tras ser trasladado desde una ubicación anterior cercana al barranco que cruza las tierras del cortijo.

Era un gran cortijo para la época y la zona, con más de 100 hectáreas de terreno en un lugar donde predomina el minifundio y una espectacular bodega que recorría todo el bajo de la casa, con unos 400 metros cuadrados y una capacidad de más de 100.000 litros.

Cuando se construyó la bodega no solo se pensó en el tamaño, también se le quiso dar un toque de importancia, como demuestran las columnas de madera que soportan unos arcos embellecedores, a todo lo largo de la bodega, y que no forman parte de la construcción básica.

El lagar, ubicado en uno de los extremos del cortijo, contaba con un prensa de grandes dimensiones, basada en dos tornillos de madera de más de 10 metros de altura, anclados en el techo de una torre construida al efecto. El mosto llegaba a las grandes cubas de madera por unas canaletas construidas a lo largo de las paredes.

Con la llegada de la Filoxera y la práctica desaparición del viñedo, que fué sustituido mayoritariamente por almendros, llegó también el fin de la perspectiva comercial de la bodega.

Tras el reparto del cortijo entre varios herederos y la consiguiente división de la bodega se produjo el abandono definitivo de la elaboración de vino en Barranco Oscuro.

Manuel Valenzuela nació en un pequeño pueblo de Granada, cerca de Guadix, llamado Marchal, en el año 1943. Años duros. Era el penúltimo de una familia de nueve hermanos, parecía bueno para el estudio y el padre le permitió continuar en la escuela del pueblo. Tras sus estudios de bachiller en Guadix, y gracias al esfuerzo de su modesta familia, se trasladó a Madrid para formarse como perito químico, pero a Manuel no le gustaron las perspectivas que se le ofrecían. Eran años muy movidos y se trasladó a Barcelona, donde conoció a Rosa, su compañera de fatigas desde entonces. Al poco tiempo se vieron obligados a emigrar a Francia, primero el sur, luego París, allí nacieron sus dos hijos y fue donde Manuel tuvo sus primeros contactos con el mundo del vino.

Una vez de vuelta, en Barcelona, bastaron unos pocos años para que emprendieran su sueño, vivir en el campo, alejados de los rigores del reloj, donde poder cultivar sus propias vidas.

La etapa actual de Bodega Barranco Oscuro se inició en 1980. Manuel Valenzuela, tras comprar una parte del cortijo (casa y tierras), hizo las primeras plantaciones. De las 15 hectáreas que había adquirido, casi la totalidad eran de almendros y el resto llevaban mucho tiempo sin ser cultivadas.

Poco después de aterrizar en la Alpujarra, Manuel empezó a sentar las bases de lo que hoy es Barranco Oscuro, ciertamente que siguiendo los desacertados consejos de los lugareños, algo que corrigió de inmediato.

Algunos viajes por zonas de tradición vitivinícola, visitas a bodegas francesas, reuniones con grandes enólogos y su espíritu emprendedor, sirvieron a Manuel Valenzuela para corregir el rumbo y emprender la revolución vitivinícola de La Alpujarra.

Empezó con las plantaciones varietales, introduciendo en la zona variedades nobles francesas, el cultivo en espaldera, o formas de poda tan corrientes en otros lugares como desconocidas en La Alpujarra. También rescató del olvido la variedad Vigiriega, autóctona de la Alpujarra y que solo se encuentra en las Islas Canarias.

Hasta que esas viñas empezaron a producir se elaboró un vino al estilo de la zona, clarete, a partir de uva comprada de distintas variedades blancas y tintas. A mediados de los ochenta las nuevas plantaciones ya daban sus frutos y los varietales de Garnacha o Vigiriega cumplían notablemente, llegando el primero a ganarse los elogios de los catadores apareciendo en numerosas publicaciones y guias.

En el año 1984, y de la mano de Manuel Carrillo, prestigioso hostelero granadino dueño por entonces del restaurante El Molino de Dúrcal (Granada), Barranco Oscuro sacó su primer vino embotellado y etiquetado. Aún había mucho camino por recorrer.

Al comprobar los éxitos iniciales y surgir otros demandantes se hizo la primera etiqueta propia un año después, con un dibujo de Manolo Gil como base, realizado a partir de una fotografía de Ángel Moreno, en la que se ve el cortijo de frente, desde la carretera de Murtas, con Sierra Nevada al fondo.

Barranco Oscuro con Sierra Nevada al fondo

Barranco Oscuro con Sierra Nevada al fondo

En 1987 salieron los primeros vinos varietales y se dejó de hacer el vino típico de la zona. Desde entonces la investigación de nuevas variedades y vinos no ha cesado continuando con la exitosa trayetoria a través de unos vinos auténticos y originales.